jueves, 6 de marzo de 2014

Sí.....

fue esa doncella,
la que por el rojo de sus labios
prendió fuego
a esta ciudad
y a mi destino.

No hubo entonces mas cielo
que el azul de sus ojos.

Ni mayor o peor castigo
que perder la noción
entre su cuello
y sus latidos.

Como aquella roca
inherte, vieja
y tosca
que recibió su merecido
por haber mancillado
la sombra que pisaba
de esta
destructora doncella.

Cortadle, por lo que mas querais
su cabeza.

O tan solo con sus cabellos
nos ahogará
hasta dejarnos como esa
inherte vieja
y tosca
roca.

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