Siempre anotando
nunca olvidan,
y en cuanto das
la espalda
se esfuman
dejando una
nota ensangrentada
sujeta al suelo
con una lanza
sin dueño
propia del infierno.
Dejad a esa muchacha
que entre árboles
rosas y esmeraldas
busca una silla
cómoda
entre toda esta
matanza
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