Te observan, te miran.
Huelen el desconcierto
que apestan tus hechos.
Sirven de guía, no de consuelo.
Sin pedir nada a cambio
engañarían a un ladronzuelo
con melosas palabras que
se arrugan y se aplastan.
Del lápiz, no del alma
salen nuestras balas
que aun no matan.
Con una pala
y un pedazo de nada
se entierran
los misterios
que en nuestras cabezas
se arrugan y se aplastan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario